Los genes dicen muchas cosas de las personas. No sólo determinan
el color de los ojos; también revelan qué enfermedades es probable que padezca
en el futuro y qué alimentación le conviene a su organismo.
Mediante un test genético se puede saber la predisposición de una
persona a sufrir problemas cardiovasculares, cáncer u obesidad. Y aún más, permite
conocer también qué fármacos serían más efectivos. Toda esta información está
ahí, pero todavía no somos capaces de manejarla. La comunidad científica dice
que estos avances serán el futuro.
Hay algunas clínicas, que ofrecen en sus catálogos de servicios
hacer test genéticos para detectar si existe propensión a la obesidad y, de
paso, recomendar un régimen. En Internet abundan páginas que ofertan pruebas a
domicilio y directas al usuario (sin que lo prescriba un médico) que manda una
muestra de saliva o sangre desde casa. El problema es que la relación entre
genes y obesidad no es unívoca. La búsqueda es muy difícil.
El ser humano tiene alrededor de 25.000 genes, y de ellos el
Centro de Control de Enfermedades de EE UU destaca 10 como posiblemente
relacionados con este trastorno, aunque en la literatura científica la cifra
llega a 40 o 60, según los autores. Todo es, por tanto, demasiado impreciso
como para poder vender un diagnóstico certero.
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