Una
clínica de fertilidad de Los Ángeles ofrece a los futuros papás la posibilidad
de elegir el sexo de su bebé o algunos de sus rasgos físicos, como el color del
pelo o de los ojos. Para obtener el niño a la carta, la
clínica se basaría en el denominado Diagnóstico Genético Preimplantacional
(DGP), utilizado hasta ahora con fines puramente médicos y consistente en la
selección de embriones para eliminar la carga genética de determinadas
enfermedades hereditarias.
La
doctora Gillian Lockwood, miembro del comité ético del Royal College de
Ginecólogos y Obstetricia de Reino Unido, que cita la BBC, cuestiona la
moralidad de esta práctica y advierte contra la conversión de los niños
"en mercancías que uno compra como si estuvieran en la estantería de un
supermercado.
En España, la
Ley de Reproducción Humana Asistida, aprobada en 2006, permite tener bebés
seleccionados genéticamente para servir de donantes y curar a hijos gravemente
enfermos, y prohíbe elegir el sexo de los niños.

